No estás cansado, estás sobreestimulado

¿Y si no estuvieras tan cansada como crees?

A veces llegamos al final del día con esa sensación de no poder más, como si no tuviéramos energía para nada. Pero luego cogemos el móvil y podemos estar ahí un buen rato. Y entonces algo no encaja.

Porque si realmente estuviéramos tan cansados, ni siquiera tendríamos energía para eso.

Y aquí es donde puede que esté pasando otra cosa.

No es solo cansancio, es saturación.

Durante el día estamos expuestos a demasiadas cosas: pantallas, notificaciones, conversaciones, decisiones, ruido constante. Nuestra mente no para, va saltando de una cosa a otra todo el tiempo, y eso agota, pero de una forma diferente.

No es el cansancio de haber corrido o entrenado. Es más bien una sensación de “no puedo más”, pero sin haber parado realmente en ningún momento. Como si estuviéramos llenos, pero de ruido.

Hace poco leí un libro que me hizo parar a pensar mucho en esto: El valor de la atención de Johann Hari.

 En él se explica cómo hemos ido perdiendo, poco a poco, la capacidad de sostener la atención. Y no porque tengamos menos fuerza de voluntad, sino porque vivimos rodeados de estímulos diseñados para capturarla constantemente.

Y cuando la atención se fragmenta, la energía también.

Por eso, cuando intentamos descansar, muchas veces lo hacemos con más estímulos: más móvil, más series, más contenido. Y aunque en ese momento parece que desconectamos, en realidad no estamos descansando del todo. Seguimos activados.

Así que cuesta hacer cosas que sabemos que nos vendrían bien, como salir a caminar, mover el cuerpo o simplemente parar de verdad. No es falta de ganas, es que el sistema está saturado.

A mí esto me pasa también a veces. Y cuando lo noto, intento no exigirme más, sino hacer algo muy sencillo: bajar un poco el ritmo.

Te propongo probar algo hoy.

Antes de coger el móvil, o cuando sientas esa saturación, sal a caminar un rato. Sin música, sin prisa, solo caminando. Y, si puedes, lleva un poco la atención a la respiración, sin forzar nada, simplemente notándola.

Al principio puede parecer que no pasa nada o incluso que te cuesta. Pero poco a poco algo cambia. El cuerpo empieza a bajar y la mente va detrás. Y desde ahí, todo se siente un poco más ligero.

No hace falta hacerlo perfecto ni durante mucho tiempo. Solo empezar a darte pequeños espacios sin tanto ruido.

Porque a lo mejor no necesitas hacer más. A lo mejor necesitas un poco menos.

Menos estímulo. Un poco más de ti.

Si te apetece, me encantará leerte: ¿en qué momentos del día notas más esa sensación de saturación?

Instituto Kern
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.